El hombre y sus problemas existenciales

La pelusilla en el ombligo

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Desde muy pequeño, siempre he tenido muchas preguntas; y muchas de estas preguntas, aun no han tenido respuesta satisfactoria, hasta estos días, en que mi vista ya no muy clara, y mi mente cada vez mas inmersa en una nebulosa, todo se hace más parejo e indeterminado. Como en un sueño cuando a punto de despertarte, aun dudas entre la ficción soñada y la realidad consciente.

Una pregunta que siempre se repetía, sin ningún sentido o motivo especial; era la utilidad que podía aportar al cuerpo humano; la pelusa que rellenaba incansable, el hoyo o hueco del ombligo.

Esta pelusa era constante, pertinaz, indestructible: no importaba que periódicamente hurgaras sin mucho miramiento sobre esa pelusa instalada en tu ombligo; ella volvía a instalarse, no tardando mucho, en cubrir los dibujillos rosados, muy parecidos a un garbanzo remojado; que había en el fondo del ombligo.

Pasados ya muchos años de la primera juventud; creo que fue después de mi regreso del servicio militar, estuve a punto de dar con el secreto: estaba intentando arreglar una maquinilla de afeitar eléctrica, pero no conseguía descubrir donde estaba el tornillo que me permitiera abrirla para ver sus entrañas.  Después de un buen rato de darla vueltas y más vueltas, ya cansado y decepcionada por mi poca maña para destripar aparatos; mis poco suaves dedos sintieron un como pequeño reborde, justo donde estaba una etiqueta con la marca de la afeitadora; sin pensarlo dos veces tiré de mi navajita, hurgue en la rendija, y! he aquí mi gran alegría al comprobar que bajo la puñetera etiqueta había un tornillo¡¡¡¡; el resto todo fue coser y cantar; fui tan metódico en el desguace, que no quedó tornillo, piececilla ni resalte que no separara; bien por las buenas, bien por las malas; que de todo hubo; el resultado de la operación fue un buen liote de piececillas en un papel de estraza, que guarde con mucho cuidado en un cajón de la cómoda.

El descubrimiento del tornillo camuflado bajo la etiqueta me hizo pensar durante algunas semanas sobre la posibilidad de que la pelusilla del ombligo tuviera la misma utilidad que la etiqueta de la maquina; camuflar, algún resorte o secreta sujeción, que impedía que los artilugios colgantes situados más abajo en línea recta; se desprendieran al vacio.  Ya os podéis imaginar el resultado: por mucho que limpié, hurgué y manipulé; no conseguí desentrañar el misterio.

Mi abuela me había dicho una vez, cuando aún era bastante pequeño; que el ombligo era como el remate de un tapete de ganchillo; pero que se trataba del remate de las personas; cuando el niño ya estaba terminado, se cortaba el hilo sobrante; quiero decir la tripa del ombligo, y a correr se a dicho.  Eso lo entendía, Qué era el ombligo siempre lo he sabido; mi duda es sobre la utilidad de la pelusilla, que aun sigo sin resolver.

Alguien llamado, Jerónimo Granda; cantaba

– ¿Para qué sirve el ombligo? Me decía a mí Enriqueta. – Pa guardar la pelusilla que suelta la camiseta

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Y.. Llegó el leon sordo

Cervantes y su aniversario 1547-1616

PrisionerosAhora que todo el mundo sabe de todo, gracias a eso que han dado en llamar “redes sociales”, no solo se difunden con inusitada rapidez información, sino que a la misma velocidad o quizás más, por aquello del morbo; se difunde la desinformación: bulos, insinuaciones malintencionadas; e incluso afirmaciones peregrinas  sobre persona y asuntos, que el autor no tiene ni la más pajolera idea.

Hoy todos estos medios modernos, son manejados por la chiquillería, y adolescentes imberbes con la mayor soltura e irresponsabilidad; aunque esto no excluye a personas hechas y derechas, como el que suscribe, que veo en este medio un lugar idóneo para poder tener un momento de gloria, sin sentir pudor alguno por plasmar en su muro, informaciones parciales, semiplagios y copieteos; que su vez proceden de otros autores que igual que él no tienen otra cosa mejor que hacer.

También es verdad que existen articulistas “serios”: Movimientos culturales, Ayuntamientos, Agrupaciones culturales, museos y exposiciones; Todos por estas fechas se esfuerzan en proclamar a bombo y platillo, el próximo V Centenario de la muerte de Miguel de Cervantes y Saavedra.

Unos glosando su figura y su genio literario, que es lo que procede, muy eruditos algunos; han tenido la suficiente paciencia para leerse, letra por letra, el hermoso libro.

Se han ido entreteniendo en anotar las veces que la palabra España sale en el Quijote, han interpretado o deducido si a don Miguel le caían mejor los vascos que los catalanes, han visto a un Cervantes aleccionador y protestón contra una sociedad que se deteriora por momentos; otros discuten el sentido de patria o nación que don Miguel da a esta palabra.

Más modestos otros, se han limitado a recopilar ediciones mas o menos curiosas del Quijote, carteles diversos sobre el tema, colecciones de sellos y otras curiosidades; que han montado en forma de puzle para encandilar virtualmente al posible mirador de páginas, y por supuesto a la correspondiente secretaría, que ha de conceder la subvención; pues ya se sabe que “Sin subvención no hay cultura”.

Y dirán ustedes: ¿Y toda esta filípica a que vine?. ¿No estás haciendo tu lo mismo que criticas?.

Sin ninguna duda!; El mejor remedio contra la prohibición es prohibirla.  Como podéis comprobar no hay cosa mejor como darle un lápiz a un tonto, para que este escriba tonterías demostrando que no lo es.

Todo este batiburrillo viene a cuento, porque ayer me llamó mi hermano Eduardo diciéndome que nuestro primo Francisco afirma que Cervantes fue alcalde de Baena.

No me lo creo pero, nunca se puede decir “de esta agua no beberé”.

Como escritor: de Cervantes, no encontraré nada que pueda decir, que no se haya dicho ya; pero corrupto de rancio abolengo y familia digna del programa “salsa rosa”; sí que también he visto bastante.

Así que: ¿Por qué no podía haber sido alcalde de Baena, lo mismo que fue preso en su día, por chorizo en Castro del Rio?

Se metió a sombrerero, y los niños nacian sin cabeza

Habas para todos

habasEl sol parecía que ahora no tenía prisa.

La tarde era fresca pero apacible, el pueblo se veía cada vez más cerca, nadie ni nada parecía tener prisa; de nuestro ensimismamiento y preocupación, vino a sacarnos la voz de un campesino que estaba recogiendo habas en una parcela lindera con el camino, nos invitaba con insistencia a que nos detuviéramos unos instantes y recogiéramos un puñado de habas que estaban en su punto y se criaban lozanas y apetitosas; las habas se veían en plena granazón, el aire esparcía su aroma, invitando a degustarlas frescas, recién cogidas.

Miramos al sol, vimos el pueblo demasiado cercano, y pensamos que detenernos unos minutos nos vendría de perilla, y de camino unas habas tiernas para que los niños acompañaran el pan con aceite, sería como bendición del cielo.

Saltamos la linde que no era muy alta, llegamos cerca de una pedricilla, donde dejamos los capotes; mientras el dueño nos insistía en que tomáramos las que quisiéramos y que el ya estaba terminando; por cierto que ya había cogido un gran montón y sentado en el suelo, iba abriendo las vainas y sacando las habas que introducía en una talega.  Viendo que la idea era estupenda, decidimos hacer lo mismo; así con menos volumen podíamos llevar más suministro. Cogimos dos buenas brazadas, y después mientras uno abríamos las vainas el otro seguía recogiendo habas.

Con el ajetreo, la premura y las matas de habas que eran muy altas, habíamos perdido de vista al dueño; este, desde el camino, nos gritaba algo mientras se alejaba bastante de prisa, con su talega de habas a la espalda.

_Con Dios señores, no se entretengan ustedes demasiado, que a estas horas suele venir don Manuel a dar una vuelta por el jabar, y tiene bastante mala leche y usa escopeta del doce.

El señor Rogelio Bienvenido Acuento, nos miraba como algo azorado, quizás con la ayuda del vinillo traidor, había conseguido finalizar su relato, pero ahora algo cortado nos decía:

_Calcúlese usted el compromiso, una metedura de pata que nos podía haber costado el destino, sin comerlo ni beberlo, es un decir.

El reloj de bolsillo

Muerte anunciada de un reloj de bolsillo y Un gazpacho con fundamento

guardias civiles LIFE 1949El relato  no se dejó esperar, y Rogelio, después de pensar unos segundos comenzó con voz pausada a contarnos su historia.

Antes debo pedir perdón a los lectores por esta interrupción, pero no quiero dejar pasar la ocasión de de advertirles; que en el siguiente relato hemos observado ciertas lagunas históricas y un cierto tufillo a ejercicio de redacción, de aquellos que en ciertas instituciones piden a los aspirantes. Por otra parte creemos que bien podía tratarse, de una copia muy elaborada, de algún chascarrillo popular, a los que tan aficionados son los andaluces.  Sea como fuere, son ustedes los que deben juzgar; nosotros nos limitamos a plasmar en el papel el relato del señor Bienvenido, sin añadir ni quitar una coma.

_Seria sobre finales de Abril, caminábamos a paso lento camino del pueblo; caminábamos despacio porque habíamos emprendido el camino de regreso antes de la hora adecuada.

La culpa era del reloj de mi compañero (que era el único que tenia reloj), hacia ya dos días que había dejado de funcionar; esto nos obligaba a calcular la hora valiéndonos de indicios y señales mas rudimentarias: la sombra de los arboles, el vuelo de las tórtolas en busca del aguadero del rio, el sesteo de las cabras bajo alguna higuera.

slideshow_thumb_ExteriorYa hacía mucho tiempo que, habíamos dado buena cuenta del gran lebrillo de gazpacho, que en el último cortijo visitado, habían tenido a bien ofrecernos; un gazpacho a decir verdad bastante completa: con su abundante pan duro migado, su pepino tierno y unos cascos de manzana blanquilla que le daban consistencia; la verdad es que no estuvo mal el gazpacho.

Después de este refrigerio, decidimos de común acuerdo; descansar un rato, a la puerta del cortijo, bajo una hermosa higuera que ya estaba casi completamente vestida de hojas verdes y lustrosas, aunque mas ásperas que el papel de lija.

Aunque habíamos acordado establecer unos pequeños turnos de vigilancia, la cuestión es que ambos nos quedamos algo traspuestos y a punto estuvo de sorprendernos el casero cuando volvía del pozo con una carga de agua; el ruido de los cascos del mulo contra el empedrado nos dio la voz de alarma; en seguida nos incorporamos y aprestamos nuestras armas en un movimiento casi reflejo.

El sol se había movido de prisa; la sombra de la pared de la cabreriza llegaba casi hasta la higuera; en cambio bajo esta ya no había sombra alguna, ahora se encontraba huida enfilando hacia el cerro del Montecillo.  Saludamos al casero, echamos un trago de agua recién traída, sirviéndonos del jarrillo de aluminio que colgaba sobre las cantareras; y nos dispusimos a emprender el camino de regreso al pueblo.  Pero antes el casero saco su petaca, y nos la ofreció junto con el librito de papel de fumar, que por cierto era de la marca Indio Rosa largo; aquí debo decir que mi cigarrillo salió un tanto deforme; me había pasado un poco a la hora de coger la picadura y ahora no había forma de envolverla bien a pesar del buen tamaño del papel: como había tardado más en liar, los otros dos ya habían encendido los suyos, me ofrecieron humeando el mechero de yesca para que encendiera el mío, así lo hice, aspire una buena bocanada de humo, recogí la mecha, ahogue el fuego con el dedo pulgar y se lo devolví al casero; una vez arrollada la mecha como es debido.

Cargamos nuestros naranjeros a la bandolera y después de un último saludo, emprendimos pasito a pasito el camino de regreso. Mi compañero sacó el reloj, o mejor dicho hizo intento de sacarlo, pues en seguida recordó que no funcionaba.

16389595Era un reloj hermoso, redondo, pesado; de esos que le llaman Roscopaten; aunque la verdad las letras que tiene escritas en la esfera son otras; creo que ROSSKOPF  PATENT.

En la esfera para marcar las horas no había números, solo palotes equis y uves, se conoce que deben ser números romanos; no es que sea muy difícil saber la hora pero IX y XI lo mismo que IV y VI te pueden confundir un poco, aunque cuando le coges el tranquilo es pan comido.

Parece mentira que con equis, uves y palotes se pudieran hacer cuentas; aunque tal vez los romanos lo inventaron para los relojes de sol que usaban ellos, y luego la gente moderna se los ha puesto a los relojes de bolsillo.

El rosco paten había sido un buen reloj; aunque si te tardabas en darle cuerda, solía aflojar el ritmo y se atrasaba algún que otro minutillo.

Su dueño tenía mucho cuidado de no olvidar la tarea de darle cuerda cada día, procurando tensar la cuerda al máximo para que así apretara el paso y adelantara lo que después estaba seguro que atrasaría; Hacia ya tres días que al darle cuerda, su mente estaría absorta en otros problemas; quizás el mal tiempo, los caminos llenos de barro, el agujero que empezaba a formarse en la suela de la bota, o quién sabe qué; el caso es que aquel día apretó más de lo que era prudente y se despertó de su ensoñación con un alarmante crik o crack, no sabría decir exactamente, al mismo tiempo que dentro, en las entrañas del roscopaten se oyó como el siseo de una culebra o el arrastrar de las plumas de un pavo cuando hace la rueda. La ruedecilla o bolita de dar cuerda ahora giraba libremente hacia cualquier lado sin encontrar la menor resistencia. Miró sorprendido el reloj, se lo acerco a la oreja, escuchó atentamente, nada, silencio absoluto; lo sacudió enérgicamente, se lo volvió a acercar a la oreja, y.. Nada; el rosco paten parecía haber pasado a mejor vida.

Aún sin asimilar por completo la catástrofe, todavía hizo un último intento de reanimación: Sacó su navajita, la introdujo por detrás hurgando en la junta de la tapa y esta saltó con un clac suave, en seguida estuvieron a la vista las entrañas del pobre difunto, las miró atentamente, sopló y.. El corazón le dio un salto de alegría; una ruedecilla se había movido; poco duro su felicidad, la ruedecilla se detuvo de inmediato; volvió a soplar y soplar, y agitar, una y otra vez, pero todo fue en vano: se conoce que el pobre rosco paten no había resistido el retorcimiento de pescuezo, y había entregado su cuerda a dios.

Un encuentro casual, caso echale

Le llamaban el hormiguita

Anécdotas y vivencias de un guardia civil.

 

esgcparAnécdotas que medio en serio medio en broma, nos relata el guardia D. Rogelio Bienvenido Acuento; compañero de academia en Úbeda, del guardia implicado en el caso “échale guindas al pavo”; hoy hemos podido saber entre otras cosa que en la academia le llamaban “el hormiguita”, por su constancia y porque le gustaba barrer pa dentro más de la cuenta.

Desde que hemos tenido conocimiento del caso, nos hemos esforzado por obtener información; pulsando opiniones (bastante contradictorias, la verdad sea dicha) sobre el asunto; pero lo cierto es que hasta el momento no hemos conseguido gran cosa; aunque nos duela reconocerlo.

Las opiniones tanto del Sr. Saturnino Chaquetero Cabritillo, como las del Bigotes; nos parecen bastante parciales  e incompletas, ya que ninguno ha aportado datos determinantes ni evidencia alguna, que nos haya permitido avanzar en nuestras conclusiones.

Al no poder contactar hasta la presente con ninguno de los guardas que el día de los hechos formaba pareja de correría; hemos cambiado de estrategia y nos hemos acercado a un pueblo cercano de la costa, donde la fortuna nos ha premiado con el encuentro casual, de una pareja de guardias que regresaba al cuartel después de su servicio de vigilancia.

Los hemos abordado respetuosamente, y le hemos participado nuestra inquietud, sobre el caso; se han hecho los sorprendidos, afirmando que desconocían por completo el asunto por el que les preguntamos; hemos insistido, y le hemos preguntado sobre la posibilidad de que alguno de ellos conociera a alguno de los compañeros de Málaga.

Después de muchos rodeos y acompañados de unos cigarrillos Philip Morris<, uno de ellos el antes mencionado Rogelio; nos dice que aunque no sabe nada del caso que le refiero, sí conoce a los guardias; a uno de cuando aún estaba en el pueblo antes ingresar en la academia, que habían coincidido en el mismo tajo con motivo de la recogida de la aceituna, que aunque los dos ingresaron en la guardia civil, no hicieron el curso juntos.

Como la conversación se alargaba, el otro guardia carraspeó algunas veces un tanto nervioso, y nosotros comprendimos en seguida que no debíamos entretenerlos más, nos despedimos muy agradecidos, pero antes acordamos con el guardia Rogelio, tener una entrevista más distendida, en el lugar que él nos indicara cuando ya estuviera libre de servicio; accedió gustoso y quedamos en vernos dentro de un rato en el chiringuito que había junto a la playa.

No llevábamos mucho tiempo esperando, cuando se presentó Rogelio; le hicimos una seña, aunque el ya nos había localizado; ahora ya no traía el capote ni las cartucheras ni por supuesto el naranjero; también se había limpiado el polvo de las botas, había guardado la tela que antes colgaba del tricornio por el cogote y parecía que había de alguna manera abrillantado el tricornio, o quizás fuera que lo había cambiado simplemente por otro que tendría de repuesto.

Volvimos a saludarnos, le pedimos que se sentara, y acto seguido le serví una copa de fino la Ina que ya teníamos preparada junto con su vaso vacio; en estos momentos llego el camarero con el plato de pescaito frito que le habíamos encargado momentos antes. Encendimos unos aromáticos cigarrillos rubios y aspiramos el humo como si en ello nos fuera la vida.

_Como ya le dije esta tarde, a Federico, el guardia del pavo como ustedes dicen: lo conocí en Úbeda, su apellido no lo recuerdo exactamente pero me sonaba algo así como Barahona o Escalona; creo que hay un marques con ese apellido. Le llamábamos el hormiguita, le gustaba cuidar mucho de sus cosas y a veces hasta de las que no lo eran; éramos compañeros pero nunca fuimos grandes amigos; luego a él lo destinaron por la parte de Almería y yo estuve un poco tiempo por la parte de Gibraltar, hasta que me trasladaron aquí.

Hizo una pausa, volvió a darle una buena calada al cigarrillo, y acto seguido trincó una panoja de boquerones y se los encajo todos juntos, entre los molares, no dándole tiempo a calentar el sitio; engulléndolos; a lo que ayudo en gran manera, un buen sorbo del vaso que aun no había tocado; respiró hondo y nos miró con aire de curiosidad; como diciendo: Bueno que mas quieren ustedes saber?.

­_Yo tenía mi libretilla de apuntes sobre la mesa y el lápiz bien afilado junto a ella.

_Como ya le adelantamos esta tarde, nos gustaría saber algo más sobre este asunto, y así poder informar al público con más exactitud sobre lo que puede haber de verdad, y lo que no pasa de ser puro folklore; que de todo hay en la viña del Señor, y no nos gustaría, ni está en nuestro ánimo el manchar el buen nombre de tan benemérita institución ni manchar el honor de alguno de sus miembros.

_El honor es la principal divisa del guardia civil, debe por consiguiente mantenerlo sin mancha. Una vez perdido no se recupera jamás.

Ha respondido de inmediato recitando este articulo, como si estuviera ante el más alto de sus superiores; incluso se ha erguido en la silla como si quisiera adoptar la posición de firmes.

_Por eso mismo señor Rogelio nos gustaría que usted mismo nos contara algún caso, anécdota o circunstancia en la que se haya visto comprometido, bien a u su pesar, por otras fuerzas ajenas a su voluntad y por supuesto sin ningún ánimo de faltar al reglamento.

La tarde invitaba a las confidencias, la suave brisa refrescaba el ambiente, el fino La Ina afinaba la lengua, y los pescaitos fritos daban confianza y se mostraban acogedores; todo parecía decir: no nos abandones, aguanta Rogelio.  Y Rogelio aguantó.

El señor Bienvenido, nos relata con todo lujo de detalles, una situación bastante embarazosa, ocurrida a el mismo y a su compañero de pareja cuando salían de correría rural. De este compañero solo nos ha dicho que era natural de Carcabuey, pero ha preferido guardar un prudente silencio en cuanto a su nombre y demás circunstancias.

La maquinaria estaba en marcha, el señor Rogelio había tomado el mando de la situación, el relato prometía; el cuadernillo y el lápiz esperaban impacientes nuestras marcas a veces no tan delicadas como ellos esperaban; el tiempo apremiaba porque la tarde caída de prisa.

Continuará……..

Sobre el caso, echale guindas al pavo

La receta de la mujer del Bigotes

Echale guindas al pavoA falta por el momento de otros interlocutores, sobre los que obtener información, en el caso que nos ocupa; hemos decidido entrevistar a la señora del Bigotes.

Gitana muy sandunguera, con mas recamara que un máuser; sentada en su sillita baja, nos ha recibido con muchas zalamerías y espantijos verbales.

_El pavo, válgame Debél; lo que ha liao el payo ese con el pavo y las guindas, paece que no tenía otra cosa mejor que hacer, que hablar mal de los gitanos. Pero otra cosa le digo; que con lo del guiso no anda muy desencaminao. Pa que usted vea le voy a explicar cómo se prepara un pavo pá que salga más gueno.

Muy importante es conseguir un pavo, dicen que los que saben mejor son los robados pero hay que tener cuidado pues son bastante jaleosos cuando los vas a coger en el corral. Tampoco conviene coger el mayor, aunque tampoco va a ser cosa de pararse a pesarlos; dicen que los más gordos tienen la carne menos jugosa,  las pavas son más tiernas y más tranquilas.

Una vez que has cogio el pavo o la pava hay que darles matarile y proceder a desplumarlos porque con plumas no saben bien.

PROCEDIMIENTO

Asados en un horno se les escapa mucho el jugo y suelen quedar bastante secos, así que lo mejor es guisado en una buena cazuela

Se trocea el pavo, se salpimienta con un poco de aceite y unos ajos, acompañada de bastante cebolla

se rehoga bien se añade una copa de vino blanco y como dice la canción se añade un poco de azúcar canela y clavo, se cubre con agua se dejar cocer bastante tiempo hasta que este tierno, sin terminar de cocer se añaden unos trozos de manzana y unas guindas( hay que decir que las frutas pueden ser varias pues le dan un toque muy bueno.

Luego toda la salsa se tritura y sale exquisita) en el ambiente caló le añaden un trozo de hinojo y un poco de pimentón.

Y ya está listo para comer eso si que no aparezca el dueño o algún malaje que complique las cosas como por ejemplo lo que ocurre en la copla.

Nuevas noticias caso echale.

Declaró que era para sacar punta al lápiz

Faca

El bigotes enarbolando su gran navaja

El Bigotes es el apelativo con que responde el gitano del caso: Échale guindas al pavo.

Cuando le hemos preguntado, para que usaba la gran navaja que mostraba sin ningún reparo: el ha respondido casi en tono de guasa: Pos pa que va se, pa sacarle punta al lápiz.

No hay que negar, que sentido del humor y una pizca de hipocresía no le faltan al Bigotes.; sobre todo si tenemos en cuenta que el Bigotes no sabe leer ni escribir.

Cuando hemos puesto en duda su afirmación, el bigotes nos ha sorprendido con una disertación sobre el uso e historia de la navaja, chifarota o faca; que ya quisieran muchos eruditos firmar como trabajo suyo.

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Navaja de grandes dimensiones, con muelle,

La churí, o sea lo que los payos llaman la navaja o faca; es un invento mu antiguo, paese ser que los romanos y los moros ya conocían la palabra, pero no sabemos pa que la usaban según tengo yo escuchao de mis aguelos. El caso es que enentonces se usaban las espás y los puñales grandes, sabe usted?. Pero a los reyes y autoridades, no le gustaba que la gente juera armá, y se lo probieron, asina que naide podía llevar espa al cinto.  Pues a resultas desta probicion la gente se las apañó pa resolver el poblema, y va y se inventa la  navaja.

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Una estampa de la época

La serdañí es una jerramienta mu apañá pató, se pue llevar bien escondia, y te pue sacar de muchos compromisos; se puede cortar la comía, cortar una guena vara, matar un animal, o defenderte si viene al caso. También es verdad que algunos, la usan pa atemoriza y metele el mieo en el cuerpo a otras presonas, un suponer, los barateros y navajeros que se jacen dueños de un barrio y no hay quien se menee sin su premiso.   Mi aguelo me contaba que a los bandoleros y gente bragá, no había quien le tosiera con una guena faca en la faja.

Hasta aquí las declaraciones, que no tienen desperdicio del Bigotes. Por nuestra cuenta hemos buceado en archivos y bibliotecas, notas privadas de particulares y otros documentos; que nos han abierto un mundo desconocido hasta ahora para nosotros; respecto a la navaja, su historia, sus usos y prohibiciones a lo largo de su existencia. Hoy en día el portar una navaja cuya hoja sea de 15 centímetros está penado por la ley; aunque las autoridades del orden afinan aun más y te pueden requisar hasta un corta uñas, si lo creen oportuno para la seguridad ciudadana. Como siempre, la ley, le pasa como a los calvos; que siempre les queda un pelo por donde agarrarlos; así si te pillan por la calle con un gran cuchillo de carnicero, pongamos por caso; si el cuchillo lo llevas envuelto en un papel de periódico y dices que vas al afilador, nadie te va a molestar ni te lo pueden incautar; pa que veamos lo que son las cosas.

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Pelea callejera navaja en mano, entre barateros, por defender su territorio

De todas formas prohibiciones han existido ya en otros tiempos; llegando estas a prohibir su fabricación; lo que por supuesto hizo que cayera la industria navajera, que atravesaba un momento glorioso. Esto no fue lo peor, sino que los espabilados de turno (alemanes) no podían ser otros; copiaron la industria, la modernizaron y nos inundaron de navajas de acero alemán, mano de obra alemana y arruinamiento de las empresas españolas. Os suena de algo?

La historia es como una noria; nunca sabemos en qué momento del siclo nos encontramos; pero podemos estar seguros de que, ya ha ocurrido antes algo muy parecido.

Nuevas tonterias sobre el caso, echale guindas al pavo

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Mucho moco y poco pañuelo

En vistas de que las autoridades competentes,( o incompetentes según se mire), no inician diligencias, ni parece que les importe lo más mínimo iniciarlas, siguiendo la pauta que hasta ahora han seguido con casos similares; recuerden ustedes: Trini la Párrala, Maria la Portuguesa o La Lirio; por no cansaros con una lista interminable.

Hemos tratado de profundizar en el asunto, pulsando la opinión de diferentes personalidades, tanto de la vida pública como particulares de diferentes estatus sociales.

Hoy hablamos con don Saturnino

Don Saturnino Chaquetero Cabritillo; persona con un gran sentido del humor, que en seguida nos ha recibido muy efusivo y complaciente, y acto seguido se ha permitido obsequiarnos con un chiste que el mismo se aplica, aprovechándose de su segundo apellido. Cuando le hemos saludado preguntándole si era el Sr. Saturnino Chaquetero Cabritillo; lo primero que ha hecho es soltar una risita conejil, y bromeando supongo, nos ha contestado. –No me quiten ustedes años por favor.

Don Saturnino tiene una opinión muy particular sobre este caso; pero antes quiero deciros que don Saturnino es el portavoz y presidente de la Agrupación Benefactora Urbana de Solteros Ociosos (A.B.U.S.O.); según consta en su tarjeta de visita.

_Mire usted: nos ha dicho;

En esta sociedad, en la que los valores fundamentales de convivencia, respeto y orden, andan a la gresca, no es de extrañar que tales desmanes se produzcan; con un gobierno cuyo lema es “todo vale”, Donde el trabajo está por encima de todo, incluso por encima de cobrar un sueldo adecuado, cuando en las escuelas no se enseña más que el arte del timo y la engañifa, y por supuesto la cultura del pelotazo; todo parece permisible. Así que no se canse amigo mío: ese pavo tenía mucho moco y poco pañuelo. Esto último lo ha dicho como si acabara de dictar sentencia en el tribunal supremo; solo le ha faltado el arriarle un buen estacazo a la mesa de escritorio.

La repuesta den don Saturnino nos ha dejado una sensación extraña, como cuando tienes mucha hambre y mojas sopas en el vapor de una perola en la que se guisa algo exquisito.

Acto seguido don Saturnino nos ha insultado, rectifico, nos ha obsequiado con sendos puros habanos marca Cohiba; que ha sacado de una caja de madera repleta de los selectos habanos. Mientras los encendemos, previa ceremonia de cortar la punta con un enorme y reluciente artefacto, al parecer de plata; voy meditando sobre la siguiente pregunta.

¿Cree usted, que la denuncia del señor Perelló y sus amigos, puede animar a otros a seguir su ejemplo?.

-Sin duda alguna, ha respondido de inmediato. -Y otra cosa le digo, el señor Sixto, que a mi juicio es un buen milita haría bien en desligarse y abandonar compañías tan perniciosas como las del señor Perelló y ese tal Mostazo. El daño ya está hecho, y si no juzgue usted por sí mismo; ahí tiene a esa caterva de energúmenos buenos para nada, como son: Lorca, Alberti, Dalí, Rafael de León, Los hermanos quintero, no los hermanos quintero no;  ha rectificado con mucho énfasis.

Todos estos pollos son un atajo de mariquitas, faranduleros y gente que prefiere vivir del cuento, en lugar de hacer algo de provecho por su país.  No le extrañe a usted que dentro de poco; antes incluso de que nos curemos del luto, en el que nos ha postrado la falta de nuestra máxima autoridad y la persona más importante de España; nuestro amado Rey Don Alfonso, que ha tenido que abandonarnos muy a su pesar, presionado y asqueado por tanta sinrazón y tanto botarate suelto como anda  hoy en día por nuestra sacrosanta patria.

-Pero, la poesía, el teatro, la pintura; todo eso es arte, que además de servir de denuncia; informa y muestra a la sociedad nuevas formas de ver el mundo.

_¿Arte?, a que le llama usted arte?. A los lagartos de Lorca?

El lagarto está llorando. La lagarta está llorando. El lagarto y la lagarta con delantalitos blancos. Han perdido sin querer su anillo de desposados. ¡Ay, su anillito de plomo, ay, su anillito plomado!

¿A eso le llaman arte?, anímelos y cubrirán la faz de la Tierra con sus ripios infames.

La filípica nos ha pillado por sorpresa y casi no hemos tenido tiempo de reaccionar, a continuación nos hemos despedido de don Saturnino, que muy orondo y ufano sale hasta la puerta de su palacete para despedirnos como es debido.

Muy amoscados por la opinión de don Saturnino, y picados por la curiosidad, hemos rebuscado en noticieros, gaceta y otras publicaciones hasta dar con el poema completo, al que se ha referido; al fin lo hemos encontrado, y reconocemos públicamente nuestra ignorancia, ya que desconocíamos su existencia. A continuación reproducimos el resto del poema que sigue asi:

Un cielo grande y sin gente monta en su globo a los pájaros. El sol, capitán redondo, lleva un chaleco de raso. ¡Miradlos qué viejos son! ¡Qué viejos son los lagartos! ¡Ay, cómo lloran y lloran, ¡ay! ¡ay! cómo están llorando!

Tonterias para matar el tiempo

 Denuncia de un caso de corrupción

Caso: échale guindas al pavo. Es quenotenteras

Hace tiempo que vengo oyendo, una denuncia de caso grave de corrupción, que, a pleno pulmón se grita en sitios públicos, ante grandes aglomeraciones de ciudadanos, en medios de comunicación, panfletos, etc. Sin que hasta el momento que yo sepa, se hayan tomado medidas al respecto para frenar este tipo de situaciones escandalosas, en sí mismas y por el hecho de que quien las propician sean nada más y nada menos ,un agente de la autoridad, un funcionario público, cuya misión es luchar contra todo lo que en voz populi se le acusa.

El CASO, es como sigue:

gitanos

Retrato robot de la epoca

 

Parece ser que un individuo de la etnia gitana, por motivos que aun no han quedado claros; estaba un día esquivando el encuentro con una pareja de guardias civiles, que hacían su ronda habitual por esos campos de Dios.

Los hechos ocurrieron en Málaga, y tanto el presunto delincuente como el guardia civil imputado, residían en esta provincia; el gitano en un barrio muy popular llamado el “Perchel”, y el guardia civil adjunto a la comandancia de Málaga capital. Todo esto, y más, nos cuenta don Ramón Perelló Rodenas, conocido libertario y anarquista murciano; apoyado por sus socios Juan Mostazo y el teniente Coronel del Ejército Don Sixto Cantabrana En carta fechada en 1935, dirigida a la señorita Imperio Argentina, que a la sazón se encontraba en Alemania ; los antedichos señores ponen de manifiesto lo que sigue:.      Huyendo de los civiles

Un gitano del Perchel

Corral de pavos

Lugar donde ocurrieron los referidos hechos

Sin cálculo y sin combina

¡En dónde vino a caer!

En un corral de gallinas

¿Y qué es lo que allí pasó?

Pues una pavita fina

Que a un pavo le hacía el amor               

2014-765 pavo relleno-7

Así quedo el pobre animal después del holocausto

A los dos los cogió Con los dos se quedó     Y el gitano a su costilla                  De esa manera le habló Échale guindas al pavo, pavo, Estaba ya el pavo asado La pava en el asador Y llamaron a la puerta Verá usted lo que pasó Entró un civil con bigote” Jozú” que miedo “chapeau”Se echó el fusil a la cara Y de esa manera habló                 A ver dónde está ese pavo A ver dónde está esa pava Porque tiene mucha guasa Que yo no pruebe ni un ala, Con los dos se sentó, Con los dos trajeló

No hay constancia de que el otro miembro de la pareja de la benemérita, participara, ni activa ni pasivamente en el lamentable suceso.

Juzguen ustedes mismos: Prevaricación?, Cohecho, Abuso de autoridad?, Encubrimiento?, Soborno?, Hacer la vista gorda?.  La polémica está servida.

Estoy seguro que este caso dará mucho que  hablar.

Las batallitas del abuelo, los cangrejos saltan de la sartén

Paseo por los recuerdos 20

Huida

Huyendo, pero sin prisas

 

Hoy, intentando “defractar”, (la palabreja tiene guasa), los archivos, del disco duro de mi sesera, he dado con un retazo, referente al día 28 de julio de 1936. Ya dije en otra ocasión que no quería remover asuntos de aquellas fechas, pero como aquellos días fueron tan dramáticos para todo el mundo, no podían escapar a esta circunstancia, los miembros de mi familia.

Como ya tengo dicho, mi tío Antonio Ávila, era sacristán de la iglesia de Guadalupe, y mi tío Julián, su hermano era albañil; para esa fecha ambos estaban casados.

Mi tío Antonio estaba en el cuartel de la guardia civil, junto con los sublevados, que eran los señoritos, el cura, un general retirado, gente de “Bien”, y por supuesto la dotación de guardias civiles con su capitán a la cabeza.

Cuando corrió la voz de que todos los hombres debían acudir al cuartel para que le pusieran el sello, que les serviría como salvoconducto, ante las fuerzas sublevadas, mi tío Julián acudió, al cuartel como otros muchos desgraciados que no correrían la misma suerte que el.

Lo del brazalete y salvoconducto resulto ser una trampa para concentrar en el paseo, a todos los que iban llegando; les hacían tenderse boca abajo sobre el suelo, y no les permitían ni hablar, ni moverse; varios señoritos y guardias civiles los vigilaban con las armas presta a disparar, si la ocasión se presentaba.

Casualmente, y para que se cumpla el dicho, de que no hay regla sin excepción, uno de los que vigilaban, era Claro Ríos, conocido de la familia, señorito, y al parecer con mejores entrañas que algunos otros.

Cuando mi tío Julián vislumbro, desde el suelo, la figura de Claro Ríos, quizás, la esperanza fue más fuerte que el miedo, y con un hilo de voz se atrevió a suplicar. –Claritoooo. La respuesta fue un puntapié del guardia de asalto, que acompañaba a Claro.

Cuando ya lo creía todo perdido, lo levantaron del suelo, lo entraron en el cuartel, y le colocaron el brazalete salvador, refrendado con un sello, que lo acreditaba.

Marbella

Una vista mas actual del arroyo Marbella

Mi abuela y mi madre, habían huido junto con otras personas, rio abajo, camino de castro del Rio, pero no tardaron en volver, creo que el mismo día sin haber llegado a castro.

Recuerdo unas palabras de mi madre, refiriéndose a la aventura de la huida hacia castro del Rio;

Algunas mujeres, muy animosas y risueñas comentaban que en cuanto llegaran a castro, las atenderían como es debido y le facilitarían alimentos y cobijo, y muchas ya se relamían del tazón de chocolate que esperaban degustar en cuanto pisaran suelo castreño;

 

se conoce que la insensatez y la estulticia, se pueden hacer patentes en cualquier circunstancia de la vida.

Aunque he leído mucho sobre, las atrocidades de aquellos días, y he visto listas de victimas de uno y otro bando; no he visto en ninguna el nombre del padre de mi suegra, que fue asesinado a traición en las esquinas de la calle la Estrella, casi seguro por “Cristóbal el de bacalao”, que le disparó desde la sub brigada. El muerto se llamaba Tomás Rodríguez Jabalquinto.

Continuará………………